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Construir al reves

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El otro día divagando por Internet encontré una página de un grupo de arquitectos y constructores llamado UHC (Urban Habitat Chicago) que en Estados Unidos trabajan “desarmando” casas que ya han cumplido su vida útil y esten listas para demoler, proceso llamado deconstrucción.

La deconstrucción es un concepto que ha ido ganando cierta popularidad y que es una alternativa a la ya clásica demolición. Básicamente, y como su nombre lo dice, consiste en desmantelar cuidadosamente un edificio para así salvar sus componentes y reutilizarlos. En el fondo es el proceso constructivo a la inversa, desde retirar muebles y artefactos de iluminación, hasta llegar a las fundaciones. De esta forma es posible disminuir los residuos generados por construcción, considerando que aproximadamente el 40% de los desechos sólidos provienen de este sector, y que el 50% de los recursos naturales explotados, son para satisfacer procesos relacionados con la construcción. Datos importantes a considerar si los llevamos a la energía contenida dentro de la vida útil de un edificio, más la energía necesaria para la demolición del mismo y partir de cero nuevamente, este método cobra bastante sentido.

Si bien es cierto que en Norteamérica esta forma de “demoler” ya está prácticamente más regulado y el estado incentiva en impuestos por donar materiales, aún es un método mayormente utilizado para edificios de mayor envergadura que viviendas tradicionales. También es verdad que es un proceso que toma más tiempo y por lo mismo es más costoso que demoler, sin embargo los beneficios que trae van por otro lado. Incluso se pueden crear nuevos mercados como ha ocurrido con la reutilización de ladrillos de antiguas construcciones.

Según datos de UHC y The Reuse People, otro equipo que trabaja deconstruyendo, por medio de este proceso es posible recuperar hasta el 80% de los materiales, los cuales o son donados o revendidos y reutilizados en un nuevo proyecto. De hecho, ellos mismos cuentan que durante el año 2006 en Chicago se emitieron 4500 permisos de demolición para casas unifamiliares y duplex, lo que equivaldría a una masa de residuos del tamaño del Hancock building.

Pero más allá de los números, el punto es la reflexión que debiéramos realizar en el proceso de la elección de materiales y analizar la durabilidad y energía contenida de estos, ya sea en el proceso de fabricación como en el lugar donde se encuentran. O tal vez tener presente la versatilidad de uso del espacio a proyectar, de manera de reusar en un futuro este mismo. Especialmente cuando se trata de edificios en altura o rascacielos que quien sabe que ocurrirá con ellos de aquí a 100 o 200 años más…pensando en la energía necesaria para demoler estos..

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