1. Introducción
Las promesas de la unión de tecnología y ciudad comienzan a hacerse realidad, aunque no siempre esa realidad responde a las expectativas creadas. O más bien, en la mayor parte de casos no existían expectativas reales más allá del efecto glamuroso y moderno de la introducción de tecnologías en los modelos convencionales de gestión urbana. Pero la ciudad contemporánea no puede ya entenderse sin la tecnología y las prácticas y cultura digital que genera [1] y, por tanto, los modelos de gestión urbana no pueden permanecer al margen de estos cambios sociales. En este sentido, la integración de la tecnología en los espacios urbanos plantea dos retos.
Por una parte, la diversidad y complejidad de fuentes de información y bases de datos que soportan el funcionamiento de una ciudad hacen necesario el desarrollo de herramientas de visualización de la piel digital de los espacios urbanos que permitan a los usuarios, sean estos gestores o los propios ciudadanos, apropiarse de la información para la exploración de la ciudad y la toma de decisiones.
Pero por otra parte, las plataformas digitales urbanas recuperan un ya viejo debate sobre un concepto tan manipulado como importante como es el de la participación ciudadana. Respecto a este segundo reto nos encontramos básicamente con dos alternativas: 1) diseñar sistemas de información que ofrezcan a los ciudadanos la posibilidad, en el mejor de los casos, de visualizar datos y aportar su opinión sobre unos pocos temas, casi siempre banales, definidos a priori por los responsables urbanos; o 2) diseñar sistemas para la participación abierta que permitan a los ciudadanos contribuir y apropiarse de la información para nuevos usos y para promover debates inesperados y proyectos no planificados a priori.
Mi objetivo aquí es analizar críticamente las tecnologías, métodos y políticas que pueden dar respuesta a estos dos retos de modo que podamos identificar rutas para la emergencia de una nueva forma de hacer urbanismo, basado en los ciudadanos organizados en redes sociales y utilizando tecnologías digitales como herramientas básicas para dotarse de capacidad de acción y para la gestión de sistemas de información y toma de decisiones. Como alternativa al urbanismo convencional, concebido de forma jerárquica y en él que las decisiones y la información quedan en manos de los expertos, podríamos denominar a este otro modelo como emergente o P2P (en analogía a las redes digitales P2P, peer-to-peer, distribuidas de intercambio y colaboración).
Más allá de una visión simplista y tecno-utópica, la realidad nos señala que los modelos tecnológicos se acoplan con modelos sociales y políticos para configurar realidades urbanas alternativas y, a veces, contrapuestas. La tecnología es importante pero no determina la realidad y es imprescindible reflexionar y actuar sobre los usos sociales y políticos de la tecnología.
En estos momentos, superada ya una fase tecno-céntrica que ha caracterizado las primeras décadas de transformación desde una sociedad industrial a una sociedad del conocimiento, nos encontramos ahora en una nueva transición hacia la sociedad red. En este nuevo escenario, el reto ya no es tanto contar con el conocimiento tecno-científico, sino la capacidad de movilizar a un colectivo, más o menos grande y coordinado, para desarrollar proyectos y acciones colaborativas para lograr unos objetivos específicos. No es solo, ni principalmente, un problema de innovación tecnológica y en productos; es el momento de la innovación organizativa y, finalmente, la innovación social. Este último concepto se está haciendo popular últimamente, en gran medida como respuesta a una situación de crisis que nos muestra como la innovación entendida como un proceso asociado única y exclusivamente al ámbito económico y empresarial no es suficiente para garantizar el desarrollo social. Al tiempo la acción política convencional tampoco parece encontrar soluciones completas y busca soluciones basadas en involucrar activamente a los ciudadanos en la “construcción” de la ciudad. Read More

